Santo Custodio

SANTO LUISICO

Luis Aceituno Valdivia, más conocido como Santo Luisico, nació a principios del siglo XIX aunque la fecha no está contrastada, vivió en El Cerrillo del Olivo, paraje de Cerezo Gordo, perteneciente al término municipal de Valdepeñas de Jaén, aunque en sus primeros años habitaba en el cortijo de la Zarzuela. Vivió durante el siglo XIX y principios del XX, a escasos kilómetros de la casa de Custodio.

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Imagen de Santo Luisico

De familia muy humilde, su padre se dedicaba a las labores del campo y al pastoreo, profesión que aprendió siendo aún niño, ayudando así a su familia que ahorraba el jornal de un pastor de fuera. Cuenta la leyenda que sus padres, preocupados por tener a su hijo pastoreando por aquellos cerros solo y hasta horas tardías, le preguntaban si no tenía miedo, a lo que él les respondía que nunca estaba solo, que un buen amigo le acompañaba todas las tardes. Ese niño no era otro que el Niño Dios, que siempre se despedía de él hasta el día siguiente.
Pronto empezó a ser conocido por su don de sanar el cuerpo y el espíritu, siendo visitado por multitud de cortijeros de la zona, que en señal de respeto y agradecimiento, le besaban la mano.

Sanaba por imposición de manos y dando al visitante un papel de fumar a modo de píldora que el enfermo posteriormente se tomaba. Este método de sanación lo aplicaría posteriormente Santo Custodio.

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Papeletas originales empleadas por Santo Luisico para sanar. Extraordinario tesoro tanto por su procedencia como por su antigüedad, superior a 100 años.

Gustaba de sentarse en unas piedras bajo unos chaparros que invitan al descanso, en una esquina de la era de su casa que actualmente puede visitarse.

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Imagen de las piedras bajo los chaparros donde gustaba descansar. Realmente un lugar que emana calma y paz

Llamaba a tres árboles agrupados, justo delante de la casa, que dan la sensación de ser uno solo, Las Tres Marías (Dios Padre, Hijo Jesucristo y Espíritu Santo). Estos tres árboles, con ramas frondosas y de aspecto majestuoso, cobijan del abrasador sol del verano a todo aquel que bajo su sombra descansa.

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Imagen de las Tres Marías.

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Vista frontal de la casa de Santo Luisico.

Santo Luisico tuvo un hijo, del que posteriormente nacería su nieto también llamado Luis, y conocido por “el santillo”, actualmente ambos fallecidos, viviendo en la actualidad su bisnieta, residente en la localidad de Frailes.
Cuando era un anciano, conoce al que iba a ser su sucesor, un joven muchacho tímido e introvertido a la vez que bondadoso y gentil. Custodio que así se llamaba, visitaba a Santo Luisico a menudo. En cierta ocasión Custodio llevaba un cordero a Luis y cuando el joven le besó su mano, Luisico devolvió el beso en manos y pies a Custodio, hecho que posteriormente se entendería por todos como un relevo en la Gracia de Dios que recaería desde entonces en Santo Custodio.

Cuentan que en cierta ocasión le pidieron que se personara en el Ayuntamiento de Valdepeñas para resolver un problema que con él había. Santo Luisico marchó entonces hacia el consistorio montado en su yegua blanca, una vez llegó a las dependencias y sin mediar palabra al entrar, pasó su mano por una de las paredes y dejó impregnado al Cristo de Chiscales (imagen muy venerada en esta localidad). Cuando el alcalde y los demás vieron tal prodigio, no dijeron nada, no hablaban, tan solo lograron decir que podía irse, a lo que Luisico al salir dijo: “pues entonces yo lo traje y yo me lo llevo”, pasando de nuevo la mano desapareció la imagen del Cristo. (Ya no lo citaron más).

El 17 de Abril de 1912, moría Santo Luisico en una habitación de su casa. Cuenta el folclore popular, que ese día era soleado, y de repente un enorme trueno retumbó entre los montes y tierras adyacentes, anunciando de este modo a todos los cortijos de alrededor el fallecimiento del Santo. Ese día, cuenta la leyenda, se presentaron 6 caballeros en forma de pájaros negros, entraron en su casa y prepararon a Luisico de cuerpo presente, y lo llevaron a hombros hasta la localidad de Valdepeñas de Jaén, donde en su antiguo cementerio de la ermita de San Sebastían descansarían sus restos. Este cementerio anexo a la ermita, data del año 1807 siendo clausurado definitivamente en los años 50 del pasado siglo, cuando se inauguró el actual campo santo.

antiguo cementerio valdepeñas

Vista frontal de la ermita de San Sebastián (Valdepeñas de Jaén), en cuyo patio se ubicaba antiguamente el cementerio.
Curiosamente, siempre anunció que no se encontraría su tumba, para evitar ser centro de ofrendas y agasajos.

interior antiguo cementerio valdepeñas

Vista del patio interior de la ermita de San Sebastián que antaño fue campo santo, donde se cree descansan los restos de Santo Luisico, ahora abandonado. Nunca se encontró su sepultura.

Hoy en día se desconoce su ubicación exacta en dicho campo santo, siendo uno de los mayores misterios de su muerte.

 

En la actualidad, todos los 21 de junio, se festeja en su casa su santo, siendo centro de peregrinación de cientos de exvotos y seguidores de Luisico. En cualquier caso, y gracias a la labor desinteresada que después de 30 años sigue desarrollando Ana Maria, venerable anciana, vecina de su casa y custodia de las llaves de su puerta, puede visitarse la misma cualquier día, recibiendo siempre de parte de esta mujer una sonrisa como saludo.
La labor humilde y servicial de esta mujer, queda como ejemplo vivo de una fé que más de un siglo después de su muerte sigue presente entre los lugareños de estas bonitas tierras y alrededores.

Su casa, es un reflejo intacto después de mas de 100 años de su apariencia inicial, se encuentra en perfectas condiciones, siempre limpia y con un olor a flores difícil de explicar. Tras pasar la puerta, un bonito patio nos da la bienvenida. El salón repleto de flores, imágenes, fotografías y demás presentes, adornan un antiguo pero perfectamente bien conservado cuadro con la foto de Luisico. En el mismo nos encontramos con dos pruebas de fé que todo creyente busca. Santo Luisico aparece sentado, con un sombrero de la época en la mano derecha, mientras que la izquierda aparecía antiguamente sobre su rodilla, y afirmamos bien en pasado, pues actualmente se ha desplazado hacia la parte interior de la pierna, dejando una huella perfectamente visible de su ubicación original. Este sorprendente hecho, según cuentan los lugareños, se debe a que Luisico sigue presente entre nosotros, dejando como prueba irrefutable un movimiento de su mano plasmado en una fotografía de más de 100 años, movimiento que a día de hoy, nos afirman que sigue ocurriendo.

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Imagen de Luisico, sentado con un sombrero de época y con la marca nítida de la ubicación original de la mano y su posterior posición hacia el interior de su pierna. Igualmente puede observarse el contorno del santo, en el que aparece claramente la Imagen del Santo Rostro de Jesús.

Por otro lado, tal y como se indica en la imagen, envuelve el contorno de Luisico, la silueta inconfudible del pelo y rostro de Jesucristo, quedando una imagen hermosísima del Santo envuelto por el Santo Rostro. De igual forma que el movimiento de su mano a lo largo del tiempo, el pelo ha ido envolviendo cada vez más su figura al paso de los años.

Existen en su casa muchos tesoros a modo de imágenes y fotografías, cargadas de historias y relatos. Especialmente resaltamos una que nos sorprendió por lo que nos transmitió. Nos encontramos con un joven Luisico y un fotógrafo que está de rodillas ante él. El fotógrafo fue a echarle una foto sin su consentimiento, arrepentido fue a pedirle perdón, y Santo Luis lo aceptó. En la imagen aparece el fotógrafo de rodillas y Santo Luisico pisando el sombrero del fotógrafo que está en el suelo. Si nos fijamos bien, en el sombrero aparece claramente el rostro de Santo Custodio.

Es importante resaltar, de nuevo, el respeto y admiración que nos confiere Ana María, mujer que desinteresadamente guarda las llaves de la casa de Santo Luisico, que tuvo a bien compartir unos momentos de conversación cargados de sentimiento, sabiduría y conocimientos de antaño que tristemente en los valores de nuestra sociedad actual, parecen no ser importantes.
Además de todo lo expuesto anteriormente se pueden visitar, los dormitorios donde descasaba y donde murió, intactos tal y como los dejó tras su muerte.